Como reza el dicho, la vida da muchas vueltas, lo malo es que en este país parece que sólo es en círculos, en círculos concéntricos, aunque visto con según con que ojos parece el símbolo supremo de la perfección; España va bien, que diría José María Aznar.
En el 39 (1939 para los de la E.S.O.) acabó la guerra y empezó la mayor pobreza que vivirían nuestros abuelos y padres, con familias rotas, una nación prácticamente arrasada, y el orgullo de los ganadores y el odio de los vencidos latente, pero con algo que, por encima de todo, los unía en el fondo; el profundo deseo de salir de aquella situación. Independientemente del lado que se hubiese estado y en la situación que se encontraran, unos necesitaban de otros y habían de cooperar. Y lo hicieron, asumieron el papel que les tocó vivir y salieron adelante, algunos sólo sobreviviendo, otros con más suerte o más empeño prosperando de forma sorprendente desde la nada. Los más nostálgicos dirán que eran otros tiempos, que todo era más fácil, pero no se dan cuenta que el cerebro les juega malas pasadas, y en un esfuerzo por sobreponerse a las desgracias, acaba relegando a un segundo plano los recuerdos amargos o traumáticos y sólo guarda unas crónicas edulcoradas de lo que fue su infancia o su juventud, sin recordar el hambre y la miseria que le acompañaron en las largas horas de sus días, que en la mayoría de los casos se convertían en años, y aun así prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer.
Estamos en épocas de cambio, de abrirnos a una nueva era en la que, una vez más, deberíamos volver la vista atrás, pero no para echar mano de ese rencor que desde hace casi un siglo está partiéndonos en dos, no para ver lo malo que hicieron unos y ocupar nuestras oportunidades en destruirlo sin pararnos a pensar que todo lo que pasa en la vida o, como en este caso, en nuestra historia, es un canto a nuestras raíces como si de una gran familia se tratase, y como en todas, hay cosas que son tan dignas de odiseas como las de Ulises y otras que no lo son tanto, pero no por ello menos reseñables, porque nos hacen estar en contacto con lo efímero del alma humana, con sus momentos de genialidad y altruismo que nos elevan por encima de todo y sus arrebatos de rabia y mezquindad que nos llevan al más oscuro abismo. El conocernos, el saber de dónde venimos, de revisar nuestros valores y conectar con el mundo que habitamos nos ayudarán a saber hacia dónde encaminarnos.
No debemos preocuparnos porque todo esté en contra, porque parezca que ya no queda nadie con principios, que son tinieblas todo lo que nos envuelve, que la vida nos ponga las más duras pruebas constantemente y que estemos ante el “todo vale” ante la adversidad. Nada de eso es el fin del mundo siempre que tengamos a nuestro alrededor algo o alguien en quien fijarnos y en el que inspirarnos, o es que acaso no hay cojos que se visten por los pies, ciegos que lo ven claro y mancos que le echan un pulso a la vida. Hemos iniciado un periplo por la vida y no tenemos más hato que nuestra esperanza envuelta en nosotros mismos. La esencia no está el punto de destino, está en el camino que recorras. Buen viaje y bienvenido.