viernes, 6 de mayo de 2011

Bin Laden, Obama , el 2 de mayo y el principio del cambio.

     El dos de mayo va a ser nuevamente una fecha de cambio en la humanidad, algunos más loables que otros.

     En 1808 surgió el levantamiento en Madrid contra las tropas napoleónicas; en 1933 Hitler suprimió los sindicatos libres borrando, de esta manera, el último reducto de democracia en una nación que habría de presenciar en su propio suelo tanto rojo y cruces como pregonaba la bandera del único partido liberador: en 1939 el cardenal Eugenio Pacelli ocupa la silla de San Pedro con el nombre de Pio XII y cuyo papel fue imprescindible para la salvación de cientos de miles de judíos en toda Europa; en 1945 las tropas soviéticas toman Berlín y los destacamentos nazis que ocupaban Italia deponen las armas. También en este día murió Leonardo da Vinci y, más recientemente, Bin Laden.

     En lo que puede considerarse la primera ejecución exprés de un líder mediático, el gobierno de Estados Unidos ha ajustado cuentas con quien, diez años atrás, hundiera su orgullo como nación suprema de la tierra. El hecho se ha producido en el momento justo, ya que de esta manera se declara nuevamente la capacidad de este país de saber estar a la altura de las circunstancias y de mandar a todos los pueblos de la tierra el mensaje de que con ellos no se juega. El asunto está trayendo cola, ya que la celeridad con que se han producido los acontecimientos y la forma en que se han deshecho del cadáver da lugar a muchas preguntas, aunque dicen haber constatado el ADN con el de una hermana del terrorista.

     Sea como fuere, la rueda está en movimiento, y la moral del “American wife of life” ha sido otra vez lanzada a los cuatro vientos y desde ahí esparcida por todos los rincones de la tierra donde ya están germinando sus semillas, dando prueba de ello el hecho de que prácticamente nadie ha protestado, al contrario, la mayoría de los dirigentes de las potencias de occidente han felicitado al inquilino de la Casa Blanca por su gran acción. Esto nos lleva a la reflexión de que si Estados Unidos puede matar a un líder que ha atentado contra su población, porqué España no utiliza el mismo sistema para actuar contra quienes siembran el terror en su territorio y siegan vidas inocentes. Se podría alegar que, partiendo de los derechos fundamentales de la persona, todo ser humano tiene derecho a la vida por el simple hecho de existir y estar vivo, pero… ¿no debería ser respetado por todos esos seres humanos? ¿Qué pasa cuando alguno de ellos cree que tiene más derechos que otro y hace justicia por su cuenta? La respuesta es simple, y nos la ha mostrado el penúltimo Premio Nobel de la Paz. Si queremos acabar con el terrorismo no podemos juzgarlos con unas leyes que no respetan, sino con la que ellos conocen. No nos engañemos, el alto el fuego declarado no deja de ser un señuelo para que se legalice Bildu, pero asesinarán en cuanto acaben las elecciones. Dejemos las formas y los procedimientos para los ciudadanos que, día tras día, se lanzan a la calle a levantar lo que queda de este País y tratemos como se merecen a esos terroristas, por España, por su paz, por su orgullo, por su futuro y porque no podemos permitir que los actos de unos pocos quiten el amarillo de nuestra bandera y lo sustituyan por más sangre.