viernes, 13 de mayo de 2011

Un futuro posible.

     Como reza el dicho, la vida da muchas vueltas, lo malo es que en este país parece que sólo es en círculos, en círculos concéntricos, aunque visto con según con que ojos parece el símbolo supremo de la perfección; España va bien, que diría José María Aznar.

     En el 39 (1939 para los de la E.S.O.) acabó la guerra y empezó la mayor pobreza que vivirían nuestros abuelos y padres, con familias rotas, una nación prácticamente arrasada, y el orgullo de los ganadores y el odio de los vencidos latente, pero con algo que, por encima de todo, los unía en el fondo; el profundo deseo de salir de aquella situación. Independientemente del lado que se hubiese estado y en la situación que se encontraran, unos necesitaban de otros y habían de cooperar. Y lo hicieron, asumieron el papel que les tocó vivir y salieron adelante, algunos sólo sobreviviendo, otros con más suerte o más empeño prosperando de forma sorprendente desde la nada. Los más nostálgicos dirán que eran otros tiempos, que todo era más fácil, pero no se dan cuenta que el cerebro les juega malas pasadas, y en un esfuerzo por sobreponerse a las desgracias, acaba relegando a un segundo plano los recuerdos amargos o traumáticos y sólo guarda unas crónicas edulcoradas de lo que fue su infancia o su juventud, sin recordar el hambre y la miseria que le acompañaron en las largas horas de sus días, que en la mayoría de los casos se convertían en años, y aun así prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer.

     Estamos en épocas de cambio, de abrirnos a una nueva era en la que, una vez más, deberíamos volver la vista atrás, pero no para echar mano de ese rencor que desde hace casi un siglo está partiéndonos en dos, no para ver lo malo que hicieron unos y ocupar nuestras oportunidades en destruirlo sin pararnos a pensar que todo lo que pasa en la vida o, como en este caso, en nuestra historia, es un canto a nuestras raíces como si de una gran familia se tratase, y como en todas, hay cosas que son tan dignas de odiseas como las de Ulises y otras que no lo son tanto, pero no por ello menos reseñables, porque nos hacen estar en contacto con lo efímero del alma humana, con sus momentos de genialidad y altruismo que nos elevan por encima de todo y sus arrebatos de rabia y mezquindad que nos llevan al más oscuro abismo. El conocernos, el saber de dónde venimos, de revisar nuestros valores y conectar con el mundo que habitamos nos ayudarán a saber hacia dónde encaminarnos.

     No debemos preocuparnos porque todo esté en contra, porque parezca que ya no queda nadie con principios, que son tinieblas todo lo que nos envuelve, que la vida nos ponga las más duras pruebas constantemente y que estemos ante el “todo vale” ante la adversidad. Nada de eso es el fin del mundo siempre que tengamos a nuestro alrededor algo o alguien en quien fijarnos y en el que inspirarnos, o es que acaso no hay cojos que se visten por los pies, ciegos que lo ven claro y mancos que le echan un pulso a la vida. Hemos iniciado un periplo por la vida y no tenemos más hato que nuestra esperanza envuelta en nosotros mismos. La esencia no está el punto de destino, está en el camino que recorras. Buen viaje y bienvenido.

viernes, 6 de mayo de 2011

Bin Laden, Obama , el 2 de mayo y el principio del cambio.

     El dos de mayo va a ser nuevamente una fecha de cambio en la humanidad, algunos más loables que otros.

     En 1808 surgió el levantamiento en Madrid contra las tropas napoleónicas; en 1933 Hitler suprimió los sindicatos libres borrando, de esta manera, el último reducto de democracia en una nación que habría de presenciar en su propio suelo tanto rojo y cruces como pregonaba la bandera del único partido liberador: en 1939 el cardenal Eugenio Pacelli ocupa la silla de San Pedro con el nombre de Pio XII y cuyo papel fue imprescindible para la salvación de cientos de miles de judíos en toda Europa; en 1945 las tropas soviéticas toman Berlín y los destacamentos nazis que ocupaban Italia deponen las armas. También en este día murió Leonardo da Vinci y, más recientemente, Bin Laden.

     En lo que puede considerarse la primera ejecución exprés de un líder mediático, el gobierno de Estados Unidos ha ajustado cuentas con quien, diez años atrás, hundiera su orgullo como nación suprema de la tierra. El hecho se ha producido en el momento justo, ya que de esta manera se declara nuevamente la capacidad de este país de saber estar a la altura de las circunstancias y de mandar a todos los pueblos de la tierra el mensaje de que con ellos no se juega. El asunto está trayendo cola, ya que la celeridad con que se han producido los acontecimientos y la forma en que se han deshecho del cadáver da lugar a muchas preguntas, aunque dicen haber constatado el ADN con el de una hermana del terrorista.

     Sea como fuere, la rueda está en movimiento, y la moral del “American wife of life” ha sido otra vez lanzada a los cuatro vientos y desde ahí esparcida por todos los rincones de la tierra donde ya están germinando sus semillas, dando prueba de ello el hecho de que prácticamente nadie ha protestado, al contrario, la mayoría de los dirigentes de las potencias de occidente han felicitado al inquilino de la Casa Blanca por su gran acción. Esto nos lleva a la reflexión de que si Estados Unidos puede matar a un líder que ha atentado contra su población, porqué España no utiliza el mismo sistema para actuar contra quienes siembran el terror en su territorio y siegan vidas inocentes. Se podría alegar que, partiendo de los derechos fundamentales de la persona, todo ser humano tiene derecho a la vida por el simple hecho de existir y estar vivo, pero… ¿no debería ser respetado por todos esos seres humanos? ¿Qué pasa cuando alguno de ellos cree que tiene más derechos que otro y hace justicia por su cuenta? La respuesta es simple, y nos la ha mostrado el penúltimo Premio Nobel de la Paz. Si queremos acabar con el terrorismo no podemos juzgarlos con unas leyes que no respetan, sino con la que ellos conocen. No nos engañemos, el alto el fuego declarado no deja de ser un señuelo para que se legalice Bildu, pero asesinarán en cuanto acaben las elecciones. Dejemos las formas y los procedimientos para los ciudadanos que, día tras día, se lanzan a la calle a levantar lo que queda de este País y tratemos como se merecen a esos terroristas, por España, por su paz, por su orgullo, por su futuro y porque no podemos permitir que los actos de unos pocos quiten el amarillo de nuestra bandera y lo sustituyan por más sangre.